Es la acción Amerindia que se gesta en el gran vientre de la cordillera de los Andes, con el ímpetu del fuego volcánico que arde al interior de sus montañas, mostrando aquella gran fuerza que subyace en las Américas, y que cual Coloso se levanta para hacer resplandecer la luz del Ser, del Cristo Sol, sobre la tierra toda.
Así como sucedió en nuestro pasado, ya en Belén, ya en Egipto, ya en Grecia, ya en el Norte de Europa o en las tierras Británicas, ya en el Tíbet, donde el conocimiento se congela eterno en la cumbre de sus elevados riscos, o en la India sagrada de los Rishis. Allí, en cada uno de estos lugares sonó aquel misterioso, mágico, silbante y silencioso sonido de la palabra creadora, palabra inaudible para muchos, que solo han podido escuchar y entender unos pocos hombres señalados de diferentes tribus y lenguas.
Hoy en día en los tiempos en que nos encontramos, le llego la hora a América, de ser el Sol que haga resplandecer la luz del Espíritu sobre las conciencias de la humanidad, y para ello la Providencia Divina determinó traer a este pueblo a esta bella y majestuosa tierra americana, un pequeño semillero de conciencias de orden y tipo superior, para que cumplieran aquellos grandes designios para con esta vida, y para que se cumplieran también las palabras de los profetas que hablaron en voz de aquellos grandes sacerdotes y ministros de Dios. Así como habló Aquel Gran sacerdote del Mayab de Britania cuando le decía a su discípulo amado, que ellos no habían venido a estas tierras por acción del azar, sino por los designios de la providencia divina, y sacando de su biblioteca un mapa viviente, le mostro el majestuoso espinazo de Dragón, aquella imponente y viviente cordillera de los Andes, donde el discípulo podía apreciar en forma clara y limpia, que aquella tierra sagrada de América, en aquella visión espiritual, se presentaba enteramente libre, sin divisiones, sin países, como una Gran Patria, tal como la vieron nuestros sagrados ancestros Amerindios del Mayab de nuestra tierra.
O así como también habló el gran sacerdote Maya, del Mayab de la tierra de América.
“sonó la primera palabra de Dios, allí donde no había cielo ni tierra. Y se desprendió de su Piedra, y cayó al segundo tiempo y declaro su divinidad. Y se estremeció toda la inmensidad de lo eterno. Y su palabra fue una medida de gracia, un destello de gracia y quebró y horadó la espalda de las montañas. ¿Quién nació cuando bajó? Gran Padre, Tú lo sabes.
Nació su primer Principio y barrenó la espalda de las montañas. ¿Quiénes nacieron allí? ¿Quiénes? Padre Tú lo sabes. Nació el que es tierno en el cielo.”
Libro de los Espíritus, Códice del CHILAM BALAM DE CHUMAYEL
Porque las sagradas escrituras Mayas vuelven a darnos más luz sobre esto, cuando nos hablan de los cuatro pasos de nuestro sagrado Señor Quetzalcóatl, el cuarto de los cuales es llamado Se Akatl, que quiere decir, cuarto paso.
Se Akatl, Nació en Tula como Príncipe y luego de probar su sabiduría, su virtud y su linaje divino, es nombrado Rey, similar a lo ocurrido con Arturo de kameloc. Ya luego, es rechazado por el pueblo y es ahí cuando empieza su peregrinación, donde adquiere una dignidad superior. La de Sacerdote y Profeta. En su peregrinaje pasa por difíciles pruebas, pero entonces comienza su evangelización en compañía de sus fieles discípulos, similar al trabajo que realizó el Divino Jesús de Nazaret con sus Apóstoles.
Toda la ciencia contenida en las palabras de Se Akatl, es la ciencia del Cristo, idéntica en su forma y en su esencia a la ciencia entregada por el divino Rabí de Galilea.
Se Akatl, nace al igual que Jesús, de una inmaculada concepción, y para mayor asombro, muere y resucita para aparecerse cuatro días después a sus discípulos, entregándoles sus ultimas enseñanzas, dentro de las cuales se encuentra la profecía del fin de los tiempos, y su nuevo retorno en el que vendrá a recoger a los suyos, esta es la señal de la venida del quinto paso de nuestro Señor Quetzalcóatl.
Los Mayas en este códice, uno de los pocos que pudieron sobrevivir al fuego de los salvajes invasores, nos hablan de la primera palabra, “sonó la primera palabra de Dios, allí donde no había cielo ni tierra. Esta primera palabra para los Mayas, es atribuida a Tezcatlipoca, el primer paso de nuestro Sagrado Señor Quetzalcóatl, también conocido como el humo del espejo, lo que claramente representa en el esoterismo primigenio, a la sombra del Logos Solar, ósea, al Logos de la Luna, a Gabriel, en contraste perfecto y maravilloso con Se Akatl, el cuarto paso, que es el Logos del Sol, el arcángel Michael. Ellos son los dos gemelos Mayas, el Tezcatlipoca blanco y el Tezcatlipoca negro.
Obviamente los Mayas conocían a fondo el autentico Génesis de nuestro planeta; ellos nos relatan a través de un maravilloso simbolismo, como la primera raza de hombres, que llamaban hijos del primer Sol, desapareció cuando fueron devorados por los tigres. El Tigre en el esoterismo oculto revolucionario representa al Íntimo, a nuestro Real Ser.
Es conocido entre los sagrados hermanos del templo de Chapultepec, que luego de que Se Akatl murió, descendió a los infiernos y siendo tomado allí como prisionero, fue colocado en un cuarto estrecho y oscuro, allí reposaba una gran campana que al ser tocada suavemente parecía despertar la locura desenfrenada de aquellos habitantes del abismo, y a medida que se tocaba una nota mas fuerte, aquella locura y aquel caos aumentaba como en festín macabro, al ver esto Se Akatl realizó un experimento, en la nota mas alta toco la campana con fuerza divina y esta resonando hizo estremecer el imperio tenebroso, entonces todos aquellos habitantes y guardianes de la morada oscura, huyeron delante de aquel verbo estremecedor, y fue así como Se Akatl, se libero definitivamente y se convirtió en un hijo del Tigre, en un hijo de la revolución, en el hijo del Padre. Porque el iniciado tiene que ser tragado primero por la serpiente, y después ser devorado por el Tigre, tal como sucedió con todos aquellos hijos del primer Sol, los habitantes de la primera raza de nuestro planeta.
Desde el momento de la resurrección y su posterior ascenso a los elevados cielos, Se Akatl, el cuarto paso de nuestro Señor Quetzalcóatl, se gano el titulo de “Él Tigre Fiel”
Se Akatl dejo dicho que después de 1000 años volvería, y esto es algo que en realidad se encuentra también en otras reseñas históricas de nuestra amada tierra precolombina, en donde dicen que entre mil y mil un Hijo del Sol, un Hijo de la Piedra, nace. Así es, así ha sido y así será en todas las culturas de nuestro planeta, donde en cada tiempo nace un nuevo Cristo, nace un nuevo Buda, un nuevo Avatar. Como por ejemplo con el gran Cristo Muisca Goranchaca, nacido también de una inmaculada concepción, y quien profetizó el oprobio al que seria sometido su pueblo, y su regreso para liberarlo de la esclavitud.
El pueblo de los hoy descendientes Mayas, de acuerdo a las profecías de Se Akatl, todavía espera al que seria el quinto paso de Quetzalcóatl, aquel que viene a recoger la cosecha del Sol, de los hijos del quinto Sol. Ignoran que el quinto paso de Quetzalcóatl ya estuvo, y aun se encuentra entre ellos. Porque los cinco pasos de Quetzalcóatl, develados de forma transparente y diamantina, corresponden a los primeros cinco, de los siete Grandes Avatares, que son los siete ángeles del Apocalipsis o los siete jueces de los últimos tiempos, que en cada tiempo se reencarnan para expresar a los hombres una gran verdad, y son siete grandes verdades expresadas por cada Avatar para cada tiempo.
Nos encontramos en el fin de los tiempos, del quinto tiempo o de la quinta raza, o lo que es lo mismo, de los hijos del quinto Sol, y a este tiempo o a esta raza le corresponde un Avatar, este es el quinto paso de Quetzalcóatl, y si le queréis conocer, este es el quinto ángel del Apocalipsis, Samael Aun Weor, él es el Quetzalcóatl del quinto tiempo, que estuvo entre vosotros y que la mayoría no le reconocisteis y que aun muchos le rechazasteis.
Pero él aun se encuentra aquí, porque al igual que Se Akatl, el cuarto paso de Quetzalcóatl, el también paso por la muerte y resucito de entre los muertos, y ahora cuatro días después ha venido a recoger la cosecha como lo prometió, porque el es el quinto Juez y en sus manos ha sido puesto el libro de la resurrección de los muertos en el final de este quinto tiempo.
Él formó con su verbo luminoso, con su verbo de trueno, el conocimiento como un alma, para los hijos del quinto Sol, y ahora su conciencia luminosa se encuentra en América, y luego de regresar de la muerte ha venido para culminar su obra.
Esta es una verdad diamantina que tiene que ser reconocida por los hombres de este quinto tiempo, porque no puede venir un Gran Avatar y ser ignorado, pues el reconocer al quinto de los siete, y llevarle en la conciencia, marchando con los hechos al impulso de su verbo divino, le daría a nuestra tierra filosófica y a nuestra tierra Americana, una gran fuerza y una gran luz, que brillaría como un Sol, para la humanidad entera. Así como en otras tierras y en otros tiempos, y a través de otros hombres divinos, brillo la luz para la tierra toda.
¡Pueblo de América!
Necesitamos con urgencia regresar a la perdida inocencia primigenia, se ha cerrado un ciclo y nuevamente regresamos al Edén paradisiaco, regresamos al hogar de los campos azules y el grisáceo e intonso intelectualismo es demasiado pobre para la elevada vibración de la conciencia acuariana. Debemos dejar atrás lo pasado. Fuera de nosotros aquel monstruo terrible del materialismo que tanto daño le hizo a la humanidad de nuestro tiempo, debemos despertar en nosotros el sentido de la pura espiritualidad que nace del anhelo simple y sincero del alma, por buscar aquel algo superior y divino, de forma absolutamente limpia y desinteresada, sin egoísmos, sin fanatismos, sin odios, conscientes de que el amor en nosotros es Dios, y que todo aquello que nos lleve a la separatividad nos separa de nuestra verdadera esencia divina. No importa a que religión se pertenezca, lo que importa es que el anhelo sea verdadero, porque este anhelo es Dios en nosotros, es Dios que nos mueve a que le conozcamos a través del amor, a través de su Santo Espíritu, para que podamos vivenciarle cuando a través del ardor del anhelo busquemos sentirle en nosotros, en lo que hacemos, en lo que pensamos, en lo que sentimos, en lo que decimos, en cada cosa que emprendemos, en nuestras decisiones, en nuestra vida toda; cuando le entregamos cada momento de nuestras vidas para que su fuego nos transforme, nos dirija, para que su fuego de verdad inunde nuestro corazón con aquella llama viva que nos quema por dentro despertando todas aquellas facultades y virtudes que permanecen encerradas en todas las variadas formas egoicas de nuestra naturaleza. Cuando permitimos que ese fuego del Espíritu Santo nos transforme, nos purifique y nos libere; cuando dejamos que ese sol del Espíritu resplandezca en nosotros convirtiéndonos en un Sol para nuestros hermanos, un sol de amor, un sol de verdad, un sol donde resplandezca la fuerza del espíritu, un sol de fe y de esperanza, un sol de luz, de belleza y de alegría. Porque ese es el Sol de las Américas, esa fuerza maravillosa del Espíritu Santo que anida en nosotros, en la naturaleza, en la vida toda.
Esta es la forma más simple, natural y sencilla de conocer a Dios, a su Santo Espíritu, de reconocerle en nosotros en nuestros hermanos y en todo lo que nos rodea, a través de nuestro corazón, de nuestra conciencia.
Necesitamos vernos a través del espejo de nuestra conciencia, ver todas aquellas suciedades que nos empañan, que nublan el reflejo, la imagen de nuestro Ser Divino, para que pueda brillar, para que pueda fulgir con diafandad.
¡Pueblo de América!
Llego la hora de conquistar la autentica espiritualidad, aquella que esta desligada de fanatismos, egoísmos, rencillas, conflictos y odios. Aquella que nadie nos puede imponer a través del rígido esquema de la tradición o del miedo infundado; que pone al Padre, al creador, como aquel ser déspota sentado en un trono y dispuesto a fustigarnos. Llego la hora de conocer al verdadero espíritu de amor, aquel que es todo luz y que nos lleva a la felicidad y a la autentica liberación.
El oscurantismo de la era pasada quedo atrás, fuera la esclavitud, la de nuestros cuerpos, la de nuestras mentes, la de nuestras almas; a las que todos aquellos lazos del materialismo, del egoísmo, de las vanidades efímeras del mundo, de los odios, de las rencillas y de los conflictos; de los fanatismos que nos hacen creer como los únicos con derecho a la verdad y a la liberación, fuera de nosotros las cadenas de la miseria humana a las que nos vemos sometidos porque abandonamos aquella fuente inagotable, de donde emana siempre toda abundancia, toda riqueza, todo esplendor. Basta ya de crear palacios suntuosos que no hacen más que servir de pábulo a nuestra vanidad a nuestro orgullo. Formemos al contrario un templo en nuestras almas en nuestros corazones, una casa limpia y digna, para que el Santo Espíritu de Dios, pueda morar allí, pueda manifestarse en nosotros, y que así pueda resplandecer su luz en nuestro corazón, para ayudar a nuestros hermanos con el poder divino de ese Santo espíritu.
Fuera de nosotros la lujuria indeseable que solo crea conflictos y miseria, traiciones, adulterios y degeneración, que nos encenaga en los placeres, pero que jamás daría verdadero amor y menos la autentica felicidad; porque estos placeres son como ulceras que se gestan y que al final solo pueden traer intensos sufrimientos y el cáncer del alma.
Fuera de nosotros las drogas que dopan y obnubilan las conciencias, fuera de nosotros todas las clases posibles de dependencias, las físicas, las sicológicas, las espirituales, no podemos depender de ninguna sustancia para sentirnos bien, no podemos depender de una persona para ser felices, no podemos depender de una persona para conocer a Dios. Porque el bien se manifiesta en lo que hacemos, en lo que decimos, en la luz que irradiamos cuando permitimos que el Espíritu Santo, ese espíritu de amor, se manifieste en nosotros, para tocar, afectar de manera positiva y trascendente a nuestros hermanos. La felicidad es la relación que tengamos con nosotros mismos, con el Ser divino que se encuentra en nosotros, conociéndole en todas sus formas, en todas sus maravillosas expresiones, cuando nos acercamos cada vez más a esa naturaleza única y divina de nuestro Ser. Y conocer a Dios, es permitir que esa fuerza maravillosa del Espíritu Santo, transforme nuestras vidas, es permitirle que se manifieste en nosotros a cada momento, para vivenciarle, para conocerle en nuestra conciencia, ardiendo como amor, susurrando como verdad, floreciendo como virtud, e iluminando como aquel Sol, infinito y radiante de esplendores.
Eso es el Sol de las Américas que en este momento irradia para el mundo entero, es la fuerza del Espíritu Santo que resplandece en nosotros y en toda esta vida que nace y se renueva, y cuyo grito se escucha en sus elevadas cumbres, en medio de sus selvas, en lo profundo de sus cañones, en los ríos que serpentean a través de valles y montañas, es el grito que hace eco en las conciencias, en la sangre divina que corre por las venas como rio embravecido, y en el que, en un supremo gesto de rebeldía, cada átomo de Dios que esta en nosotros y en el todo, grita, ¡Por la Libertad!
¡Por la libertad Espiritual de las Américas!
Gabriel Aun Weor